El colectivo bord lo formamos Aina Canyelles, Iris Verge y Eduard Olesti. Somos tres individuos que nos desenvolvemos en ámbitos muy diferentes, como el periodismo, el diseño, la militancia de barrio, la comunicación, la ilustración, la filología o la dirección escénica.
Como colectivo, consideramos fundamental instalar los discursos artísticos desde una perspectiva de responsabilidad del lugar que ocupa la producción cultural en la sociedad contemporánea. Es por ello que apostamos por unas prácticas que respondan a los tres ejes primordiales que implican la perspectiva de clase: anticapitalismo, feminismo y antirracismo.
Consideramos que el arte es una herramienta de comunicación y que, por lo tanto, ofrece la posibilidad de modificar miradas, acciones y movimientos sociales. Sin embargo, creemos que la práctica artística a menudo se enajena en circuitos artísticos de una forma entrópica y no tiene en cuenta la realidad de las vecinas que no tienen acceso a ciertos capitales culturales.
Por estos motivos, pensamos que el arte debe ser colectivizado, y no debe quedar sectorizado.
Nos preguntamos, pues, de qué manera podemos trasladar estos debates en torno a la vinculación de la práctica artística con procesos de transformación política que impliquen un retorno a la sociedad. Aunque somos conscientes de las complicaciones que conlleva esta tarea, creemos firmemente en las posibilidades de la mediación artística y cultural. Es por ello que uno de nuestros objetivos principales es establecer diálogos directos entre movimientos políticos, colectivos y comunidades.
El colectivo bord lo formamos Aina Canyelles, Iris Verge y Eduard Olesti. Somos tres individuos que nos desenvolvemos en ámbitos muy diferentes, como el periodismo, el diseño, la militancia de barrio, la comunicación, la ilustración, la filología o la dirección escénica.
Como colectivo, consideramos fundamental instalar los discursos artísticos desde una perspectiva de responsabilidad del lugar que ocupa la producción cultural en la sociedad contemporánea. Es por ello que apostamos por unas prácticas que respondan a los tres ejes primordiales que implican la perspectiva de clase: anticapitalismo, feminismo y antirracismo.
Consideramos que el arte es una herramienta de comunicación y que, por lo tanto, ofrece la posibilidad de modificar miradas, acciones y movimientos sociales. Sin embargo, creemos que la práctica artística a menudo se enajena en circuitos artísticos de una forma entrópica y no tiene en cuenta la realidad de las vecinas que no tienen acceso a ciertos capitales culturales.
Por estos motivos, pensamos que el arte debe ser colectivizado, y no debe quedar sectorizado.
Nos preguntamos, pues, de qué manera podemos trasladar estos debates en torno a la vinculación de la práctica artística con procesos de transformación política que impliquen un retorno a la sociedad. Aunque somos conscientes de las complicaciones que conlleva esta tarea, creemos firmemente en las posibilidades de la mediación artística y cultural. Es por ello que uno de nuestros objetivos principales es establecer diálogos directos entre movimientos políticos, colectivos y comunidades.